Categoría: Culturales
10 Marzo 2006
Vaya pregunta tonta. Eso es de cajón.Pero ¿por qué el escritor Alberto Méndez tuvo que ver truncada su vida para pasar a ser reconocido por el gran público? Una noticia mala y una noticia buena. Cosas del destino.
No es del todo cierto: primero recibió el Premio de la Crítica 2004 por LOS GIRASOLES CIEGOS, y desgraciadamente murió en ese mismo año; al año siguiente le conceden el Premio Nacional de Narrativa.¿No es mala suerte morirse entonces? Justo cuando uno empieza a recoger lo que antes había sembrado con tantísimo esfuerzo. Con lo dificílísimo que es el mundo literario de hoy en día. Premio importante, muerte y premio importante. Vaya broma de la vida ¿no?
La vida de los escritores es casi tan interesante como lo que nos cuentan en algunas novelas. Y yo ya tengo esta novela de Alberto Méndez para leerla saboreando cada palabra de su historia, a sabiendas de que su autor no nos volverá a ofrecer su punto de vista sobre ningún tema. ¿No es una lástima perder siempre a los mejores?
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25 Enero 2006
He leído un par de novelas de David Lodge en Anagrama y siempre por casualidad. Me di de bruces con "El mundo es un pañuelo", hace muchos años mientras estaba estudiando oposiciones. Como me aburría mortalmente y no había escapatoria de los dichosos temas, tuve a bien darme un garbeo por la biblioteca en la que estaba estudiante en ese momento y, mira qué bien, me encontré con esa novela que me hizo engancharme a sus páginas por las hilarantes descripciones de ese mundo ridículo de las zancadillas y tejemanejes del mundo universitario. Fue un buen momento para leer aquello. Lo recomiendo para el que sienta las horas como pesadas losas sobre sus pobrecitas espaldas; para el que se siente desbordado y quiera relajarse un poco echando unas cuantas risas.
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25 Noviembre 2005
Dos recomendaciones para el fin de semana.ES que hace bastante frío y apetece quedarse en casita con un buen libro, o mejor dos, en este caso. Me refiero a dos libros que tengo encima de la mesa y que me están encantando: "El retrato literario", una antología de textos de diversos escritores hecha por el catedrático de Teoría de la Literatura de la Universidad de Salamanca, Ricardo Senabre. Está en Ediciones Colegio de España. Me lo he topado por internet buscando otra cosa en "Agapea" y mira por donde veo que mi profesor de Crítica Literaria, de Tercero de Filología tiene este libro. No lo conocía, así que lo he pedido y ya lo estoy disfrutando. No va dirigido a profesores o alumnos nada más, sino a todo aquel interesado en la técnica del retrato literario. Se hace, por lo que veo, un repaso en el tiempo por todas las épocas de la literatura y hay un gran repertorio de autores que han incluido retratos en sus obras.
Es como si volviera a las aulas y me dejara llevar por las palabras precisas y contundentes del profesor, caracterizando un estilo literario determinado ante nuestros ojos atónitos. Ojalá pudiera volver a esa época de continuos aprendizajes y contacto permanente con el mundo de la cultura.
Nos conformaremos con la lectura de este libro, que ya digo, me interesa muchísimo.
Anoche también empecé a releer el otro libro, "Los hijos de Máximo Judas", de Luis Landínez; con la introducción de Senabre, en la editorial Alcayuela. Ya lo había leído gracias al profesor Senabre, que me facilitó un libro suyo, porque estaba agotada su edición y me había mandado un trabajo escrito para el curso. Su autor Luis Landínez, salmantino, solo había escrito esta novela y ya había fallecido. Me acuerdo de haberme pateado Cáceres buscando por todas las librerías y ya me estaba preocupando. Gracias a su libro pude hacer el trabajo escrito de análisis de la novela sin mayor dificultad y me gustó entonces muchísimo. Se lee muy fácilmente y es una novela realista de los años 50. Cuando releía anoche se venían a mi cabeza recuerdos de los personajes, la historia del mundo rural que se narra, y, sobre todo, me acordaba de todas las circunstancias que me rodeaban cuando la leí entonces. No está mal en mi caso. Disfruté de su lectura por partida doble.
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19 Noviembre 2005
Hace poco, buscando con el Google, fui a dar en una página en la que se hablaba de la muerte de Sebald, ocurrida en el 2001, en un accidente de tráfico.
Me llamó mucho la atención y, por supuesto, lamenté su pérdida inmediatamente, como con cualquier ser humano que tiene la desgracia de despedirse del mundo de los vivos. No era mayor a pesar de su aspecto de pelo blanco inmaculado. Había nacido en 1944 en Baviera, aunque poco vivió allí. Se había pasado prácticamente su vida como emigrado en Ingraterra: había vivido como profesor universitario en Manchester. Así titulará la única novela que tengo suya "Los emigrados", centrada en testimonios de personas, que habían emigrado de su tierra para irse por el mundo buscando una vida mejor o totalmente diferente a la que llevaban.
Me habían entretenido mucho esos relatos de las vidas de esos emigrados, con esa prosa tan detallista, tan lenta y excesivamente prolija que, a veces, me impacientaba,sobre todo con la historia del doctor Selwyn, al principio de la novela.
Esa inclusión de fotografías antiguas en blanco y negro daban a las historias su toque de verosimilitud, que las hacían más atractivas.
Muchas veces, veía una de esas fotografías, por cualquier página del libro y, acto seguido, ya estaba sumergida en la vida de esa persona que tan descriptivamente Sebald nos hacía sobre su época y circunstancias históricas.
Un autor literario que vale la pena conocer, porque su obra es la que tenemos, nunca sabremos qué otro libro importante podría haber llegado a escribir si siguiera vivo, si no se hubiera truncado su ascendente trayectoria novelística.
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13 Noviembre 2005
Esta mañana me acerqué a la librería a comprar el periódico. Allí no di crédito a la avalancha que se nos acerca a propósio del 30 aniversario de la muerte de Franco. Primero lo vi en la última portada de la revista"Qué leer" con el siguiente título" Franco, esos libros". Me la compré como hago siempre que caigo en la debilidad de estar informada de las últimas novedades en materia de libros. Libros que tal vez ni tenga tiempo de leer o no me atraigan nada, o se me metan por los ojos y tenga que ir a comprar de urgencia.
La portada de la revista sobre libros me hizo sonreír un rato. Ponen al Caudillo como si fuera el Cid y rodeado por soldados, monjes y hasta uno de la guardia mora a su derecha. Luego la carecterización era pésima, más que Franco, parecía el actor José Luis López Vázquez sin las gafas.
En otro estante de la librería también estaba la revista "La aventura de la Historia" con una portada con Franco, ya con mayor parecido esta vez, y una alusión a los hijos de Franco. También análisis del franquismo a cargo de Stanley G. Payne en un coleccionable que viene gratis con la revista.
A tanto no llega mi interés por el tema, así que la dejé tranquilita en su estante. Me marché llevándome e"El mundo" y el libro de la colección que sigo de "La guerra civil española mes a mes". Ya vamos por el número 12, y este va dedicado al bombardeo de Guernica. Mucho más interesante para mi gusto.
Hace un momento acabo de echar un repaso a "El mundo" y después me fijé que de nuevo aparece en el "Magazine" otro reportaje sobre Franco:"Lo que nos queda de Franco".Vestigios.3o años de la muerte del dictador", Con una inmensa fotografía de un franquista ,un tal Juan Navarro, dueño del restaurante "Casa Pepe" de Despeñaperros(Ciudad Real)
¿Por qué no va a salir orgulloso con su mandil de bandera española, con su escudo y sus pulseras a la moda? Bien feliz se le ve rodeado de fotografías de Franco y de toreros y una cabeza de toro colgada en la pared de su restaurante. Sus gustos bien a la vista están de todo el mundo que quiera verlos.
Me parece que eso mismo dirán los autores de tanto reportaje sobre el Caudillo, los autores de tantos libros como se publicarán y saldrán a la luz en estos próximos días de noviembre.
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11 Noviembre 2005
Esta tarde, inmediatamente después de comer, no me dormí un rato como acostumbro hacer mientras descanso viendo en la tv cualquier cosa. Ese es mi tiempo sagrado de sobremesa. Hoy me dio por fijarme en un libro de Dietrich Schwanitz, que estaba tras los cristales de la vitrina guiñándome un ojo. Lo primero que pensé es: "¿qué hace este libro en ese lugar?",y también, "¿quién lo ha descolocado?". La respuesta poco importaba ya, porque me había decidido a sacarlo de allí, no sin antes mirar de qué iba. Me lo habían regalado y aún no lo había podido leer; como tantos que están esperando pacientemente su turno. Sí, ellos tienen todo el tiempo del mundo para la paciencia; la que se impacienta soy yo: ¿cuándo voy a tener el suficiente tiempo libre para mí, para la lectura tranquila de lo que alberga mi biblioteca personal? Esta crece y crece, mientras mi tiempo libre casi siempre mengua, muy a mi pesar. Bueno, a lo que iba a contar. El caso es que me puse a leer, como quien no quiere la cosa y me sentí rápidamente enganchada con "La cultura. Todo lo que hay que saber". Es una delicia leer, en forma de selección, lo que cualquier persona interesada en la literatura tendría que empezar a leer. Es a manera de apuntes que un profesor universitario dedicaría a sus alumnos para que pudieran seguir unas explicaciones mínimas en cualquier universidad de Filología. Al menos es lo que me parecen a mí. Esto hubiera sido de vital importancia para nosotros, cuando llegamos a la universidad y vimos la gran cantidad de lagunas que teníamos en el conocimiento de las obras literarias, que, con mayor o menor acierto, logramos subsanar. Cuántas veces no habré oído recomendaciones sobre autores, obras de conocimiento imprescindible y que yo aún no había leído, al llegar a primero de Filología y la sensación de que me estaba perdiendo en ese maremágnum del mundo del saber, sin una acertada guía de todo aquel universo por descubrir. Si hubiéramos tenido esta ayuda de D. Schwanitz entonces. Nunca es tarde, eso es cierto, pero sé que en aquella época me hubiera servido de una grandísima ayuda en cuanto a lo de separar el grano de la paja, en ir a lo auténtico, a lo verdaderamente valioso y no andar mareando la perdiz con obras de medio pelo, que no aportaban nada al mundo de la cultura.
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5 Noviembre 2005
Acabo de descubrir el blog de http://www.lacoctelera.com/aulaplasencia y me ha encantado dar de sopetón con El Aula de Literatura J. A. Gabriel y Galán. Qué buena noticia que pongan en un blog las actividades programadas para el presente curso y nos vayamos enterando gracias a los coordinadores Álvaro Valverde y G. Hidalgo Bayal de la historia de que llevan a sus espaldas desde su creación como aula literaria.
Aún no me lo puedo creer haberlos descubierto yo sola navegando por La coctelera. Aquí ni me imaginaba encontrarlos. Bienvenidos paisanos. Vamos a navegar por otros mares que no sean los de Blogger y veamos otros mundos que son igualmente dignos de conocerse. Y el mundo es ancho para los que tienen tanto que contar.
Yo no puedo haceros mucha publicidad, porque no soy de las que van coleccionando comentarios: a ver, no porque no los quiera (Dios me libre) sino porque apenas dejan unos cuantos sus comentarios por este blog; es decir, no tengo un público multitudinario que se lea mis posts. Esto es un sitio recogido - tampoco nos pongamos a pensar en la oración-, más bien de signo intimista, de reflexión personal y de expresión existencial. Vamos, de terapia blogueril, que no vamos a escatimar en etiquetas.
Una placentina que ya no patea las calles de Plasencia hace muchos años y que siempre la echará de menos y la imaginará mucho más interesante de lo que le dicen por ahí los que están un poco hartos de la vida provinciana.
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11 Octubre 2005
Anoche me quedé leyendo un rato y no había manera de soltar el libro. Lo había comprado hacía tiempo, como cosa de diez años más o menos. Lo había leído y había subrayado en algunos párrafos, según mi costumbre si es de mi propiedad el libro. Me había entusiasmado leer "Un año de reportero", de José Romero y Romero(1934) ¿Que quién es? Se trata de una colección de crónicas periodísticas del llamado como seudónimo "Heliotropo", que refería a los lectores del periódico La Libertad de Badajoz las notas periodísticas referidas a un año de reportero en Azuaga (Badajoz) en 1933.
Me interesa muchísimo el día a día en un pueblo en el que precisamente estoy viviendo ahora; sus gentes, que salen con nombres y apellidos y que ahora ya son ancianos los que quedan vivos. También cómo cuenta el trasiego de esos días, los problemas de la Republica, relacionados con dar trabajo a todos los obreros que malvivían en la zona por estar desempleados.
Me entretiene esa reseña de las películas en el cine local y me hace reír con las extrañas costumbres de la época, como por ejemplo rifar un jamón al final de la proyección de la película. Qué mejor aliciente para la hambruna de algunos. Tener para ir al cine y no tener ni para comprar pan.
Y los plenos municipales, con el humor que destilan algunas de las expresiones de algunos y que el periodista consigna textualmente.
Estoy entretenida con el librito que incluye fotos de los protagonistas de las crónicas y me hacen sonreír cada dos por tres por las ingenuidades de muchas de ellas.
Me produce una doble sensación su lectura. Es, en un sentido divertido por cómo cuenta José Romero algunas situaciones rocambolescas y raras; por otra, produce una cierta tristeza. Esos años fueron años malos para algunos de los que aún viven y recuerdan el hambre y la miseria vivida. Y que comparada con la que tres años después, en plena Guerra Civil no fue nada. Y el sufrimiento de esa gente solo lo saben ellos. Te los cruzas por la calle, ya personas mayores llenas de achaques y solo cuando hablas con ellos y te cuentan cosas de esos años, no puedes creer las barbaridades que tuvieron que vivir. Y por las mismas calles que paso todos los días.
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