Yo no sé por qué pero me paso la vida esperando cosas. Ya fue un tema de otro post. Reitero porque es que vuelve a darme en la cabeza el temita. Vamos, que no hago otra cosa que percatarme de mi paciencia ante la espera de acontecimientos que me afectarán directamente. Eso me deja bastante maltrecha la autoestima. Porque ya habré dejado entrever que soy muy impulsiva y lo quiero ya, ahora mismo, como una niña mimada que pide un juguete y extiende las manos para agarrarlo y se lo niegan maliciosamente. Pues así me siento, pero sin ser niña mimada, que tendría su disculpa.
¿Y podemos evitar sentirnos en un estado ansioso o, lo que es lo mismo, en un estado de ansiedad insoportable? Más bien no, aunque procuro distraerme con mil bobadas, actividades, lecturas, música, películas, y advierto que no se me va de la cabeza lo que tanto temo que ocurra. Está ahí bien situado ese sentimiento de "no-te-puedes-escapar-de-esta"; como cuando un niño espera una regañina de sus padres y por mucho que se esconda, acaba recibiéndola.

He dejado de hacer nada. Me entrego maniatada al sentimiento de derrota: áquí estoy, dispuesta a escuchar el varapalo. O tal vez le haga a ese sentimiento una carantoña, pegue una pirueta y salga por la tangente, como siempre me gustó hacer en el máximo peligro.