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La Coctelera

Meritxellgris

Cuando hago memoria, me percato de algunas cosas.

21 Septiembre 2005

Después de los deberes, el disfraz.

Mientras leía los comentarios en el post anterior vino mi hija mayor de la siguiente guisa: vestido de gasa hasta los pies(un vestido mío que arrebató al armario, sabe Dios cómo, descolocando todo lo que le vino en gana); collar de perlas de doble vuelta que tienen ellas para jugar y que les encanta ponerse; zapatos de tacón; pulseras de mi joyero que le venían perfectas con el "look"; un sombrero que está hecho un desastre de tanto como juegan con él; y como guinda, un abanico que no sabía si le hacía parecer la Duquesa de Alba o una folklórica de las de antes.

Me entró la risa y entre sorprendida e inquisitora le iba preguntando:
-Bueno, bueno, ¿de dónde has sacado eso, muchacha? ¿Ese abanico dónde estaba?
-Mamá, lo sabes de sobra, de un sitio que tiene muchos tesoros, que lo acabo de descubrir...
-¡mis pulseras, ya te las estás quitando, venga, a su sitio!
-Ahora, ya voy, pero ¿me quedan bien estas joyas, estos anillos? Soy una marquesa...de un reino lejano...

En esto estamos, yo riendo para dentro ya, queriendo poner orden y que devuelva las cosas a su sitio y se vaya a merendar y los deberes...
-Mamá, si ya he terminado los deberes; empecé pronto y ya no tengo más cosas que hacer. Ahora a jugar.

Vino la que faltaba, su hermana. Estaba observando la escena y no sabía qué ponerse de disfraz.

-Yo soy una vieja con un bastón, mira mamá, una vieja revieja con un garrote dando garrotazos...

Más risas viendo como imitaba a la vieja que venía y me agarraba la cara y me pegaba dos pellizcos fuertes de verdad diciendo:" Qué bonita esta niña, pero qué bonita, y qué mofletes tiene...qué carita tan bonita..."
Si me dejó dolorida por los pellizcos la una, que como me estaba riendo a mandíbula batiente no tenía fuerzas para impedírselo, la otra remató la faena.

-Qué bonita, sí, qué bonita, y qué mofletitos tan monos...A ver que le de un pellizquito...

Me reía con todas las ganas del mundo como hace mucho tiempo que no me río. O es que estaba falta de risas (como si fuera de vitaminas) o es que me cogieron en un momento bobo de verdad, pero que no podía parar de reír con esta dos reconvertidas en viejas pellizcadoras. Así llaman mis hijas a estas señoras mayores, antiguas como ellas solas, empeñadas en retorcerles los carrillos para comprobar lo bonitas que están. Una costumbre de "viejas" que toda la vida hemos detestado, cuando nos tocaba sufrirlo también de pequeñas.

servido por meritxellgris 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Gatito viejo

Gatito viejo dijo

Al igual que a tus hijas a mí también me encantaba disfrazarme cuando era pequeña y lo de ponerse los tacones de mamá estaba a la orden del día.Me ha recordado mucho mi infancia jugando con mis hermanos .A nosotros tampoco nos gustaba que nos retorciesen los carrillos ni nos diesen besos esas extrañas mujeres que no hacían más que repetir lo bonitos que éramos una y otra vez.Siempre tratábamos de huir de ellas .Tienen sentido del humor tus hijas al reproducir esto en sus juegos...
Saludos

21 Septiembre 2005 | 11:18 PM

elbucaro

elbucaro dijo

No dejes de disfrutar esos momentos "bobos" con tus hijas, deja las programaciones por unos minutos, que a la larga lo agradecerás. Y si cuando vas a dar la clase se te olvida algo, piensa en uno de esos momentos y seguro que la sonrisa que brilla en tu cara la agradecen esos adolescentes que ponen cara de enfadaos. Un besote.

22 Septiembre 2005 | 07:04 PM

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