Después de los deberes, el disfraz.
Mientras leía los comentarios en el post anterior vino mi hija mayor de la siguiente guisa: vestido de gasa hasta los pies(un vestido mío que arrebató al armario, sabe Dios cómo, descolocando todo lo que le vino en gana); collar de perlas de doble vuelta que tienen ellas para jugar y que les encanta ponerse; zapatos de tacón; pulseras de mi joyero que le venían perfectas con el "look"; un sombrero que está hecho un desastre de tanto como juegan con él; y como guinda, un abanico que no sabía si le hacía parecer la Duquesa de Alba o una folklórica de las de antes.
Me entró la risa y entre sorprendida e inquisitora le iba preguntando:
-Bueno, bueno, ¿de dónde has sacado eso, muchacha? ¿Ese abanico dónde estaba?
-Mamá, lo sabes de sobra, de un sitio que tiene muchos tesoros, que lo acabo de descubrir...
-¡mis pulseras, ya te las estás quitando, venga, a su sitio!
-Ahora, ya voy, pero ¿me quedan bien estas joyas, estos anillos? Soy una marquesa...de un reino lejano...
En esto estamos, yo riendo para dentro ya, queriendo poner orden y que devuelva las cosas a su sitio y se vaya a merendar y los deberes...
-Mamá, si ya he terminado los deberes; empecé pronto y ya no tengo más cosas que hacer. Ahora a jugar.
Vino la que faltaba, su hermana. Estaba observando la escena y no sabía qué ponerse de disfraz.
-Yo soy una vieja con un bastón, mira mamá, una vieja revieja con un garrote dando garrotazos...
Más risas viendo como imitaba a la vieja que venía y me agarraba la cara y me pegaba dos pellizcos fuertes de verdad diciendo:" Qué bonita esta niña, pero qué bonita, y qué mofletes tiene...qué carita tan bonita..."
Si me dejó dolorida por los pellizcos la una, que como me estaba riendo a mandíbula batiente no tenía fuerzas para impedírselo, la otra remató la faena.
-Qué bonita, sí, qué bonita, y qué mofletitos tan monos...A ver que le de un pellizquito...
Me reía con todas las ganas del mundo como hace mucho tiempo que no me río. O es que estaba falta de risas (como si fuera de vitaminas) o es que me cogieron en un momento bobo de verdad, pero que no podía parar de reír con esta dos reconvertidas en viejas pellizcadoras. Así llaman mis hijas a estas señoras mayores, antiguas como ellas solas, empeñadas en retorcerles los carrillos para comprobar lo bonitas que están. Una costumbre de "viejas" que toda la vida hemos detestado, cuando nos tocaba sufrirlo también de pequeñas.


Gatito viejo dijo
Al igual que a tus hijas a mí también me encantaba disfrazarme cuando era pequeña y lo de ponerse los tacones de mamá estaba a la orden del día.Me ha recordado mucho mi infancia jugando con mis hermanos .A nosotros tampoco nos gustaba que nos retorciesen los carrillos ni nos diesen besos esas extrañas mujeres que no hacían más que repetir lo bonitos que éramos una y otra vez.Siempre tratábamos de huir de ellas .Tienen sentido del humor tus hijas al reproducir esto en sus juegos...
Saludos
21 Septiembre 2005 | 11:18 PM