Vaya horas de ponerme a postear. No tengo perdón, dejar durante el fin de semana mi adicción a estos blogs que tanto me entretienen; no escribir nada nuevo de mis monotemas se convierte en una cruz difícil de soportar. No es que no quisiera sentarme a dar cuenta de lo vivido o sentido en mis horas de relax. Ni eso he tenido. De relax no hablemos, porque me da la risa.Si he estado tan "entretenida" que no había forma de echar una ojeada al periódico, porque me reclamaban continuamente. Y ya sabemos que el fin de semana es para descansar. Mucho descanso. Al menos antes yo me organizaba para que al llegar el sábado pudiera hacer todo lo que durante la semana estaba descartado. Ahora un día es casi lo mismo que el otro en eso de que no tengo tiempo para mí. Y si lo quiero tener es a horas que no me apetece en absoluto. Sí, ya están dormidas las niñas hace rato, pero ahora me siento tan agotada de recoger y vuelta a recoger juguetes y cosas por toda la casa, que ya es tarde hasta para mí. Mañana madrugo, como todos los días. Me esperan las clases, las horas de guardia, la biblioteca, las correcciones de cuadernos (los deberes no han muerto en absoluto) y debo estar como una rosa mañana que es lunes y todos andamos cabizbajos por los pasillos del instituto. Yo salgo a última hora de los viernes, es decir, casi cierro el instituto; y entro a primera hora, a las 8:30 los lunes. El horario es magnífico a pesar de ese detalle de lunes-viernes que nadie quiere. Yo no me suelo pelear por esta hora o la otra. Si puedo pedir porque lo advierte el jefe de estudios, suelo pedir las horas tempranas. Estoy mucho mejor, de un humor más dicharachero. Sí, es cierto que se me ocurren mejores ideas, estoy más despierta de mente y suelo transmitir mejor a los alumnos que a últimas horas, esas de después del segundo recreo que aborrezco. En ellas me siento como enjaulada y sin posible redención. Los alumnos se distraen más, molestan unos a otros, se enteran peor de las explicaciones con el ruido ambiente y a mi me baja la tensión irremediablemente y me gustaría salir corriendo para no parar...Tremendo lo que me pasa. Y este curso tengo todos los días clases a esas horas. Con algunos alumnos de un curso las tendré siempre a esa hora final de la jornada. Y digo yo, cómo le vamos a explicar una asignatura teórica en la que tiene que estar concentrado y tiene que ser capaz de atender, salir a la pizarra, hacer exámenes ...uf, me entra el vértigo, solo de pensarlo. Y para colmo, ya me han dejado bien clarito que no les interesa para nada la lectura, ni libros ni nada. Y ahora yo les propongo un viaje por la historia de la Literatura y les digo una lista de libros para leer en casa. Por favor, ¿Alguien me da ánimos en semejante empresa?