El galimatías de los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez.
Imagínate con pocos años, en la infancia más inocente que encuentres en tu memoria. Has ido a ver la cabalgata de Reyes con tu familia y has recogido caramelos lanzados por los pajes esos que tanta puntería tienen para darte en un ojo; pero que olvidas pronto, porque el entusiasmo no deja lugar a sentir ningún dolor. Es la noche de Reyes y te costará irte a dormir. Al menos como te vas diariamente, con las rutinas y la disciplina impuesta de "a las diez en la cama estés".
Te desbordan las ganas de ver aparecer por el balcón de la sala a alguno de esos pajes que lanzaban caramelos como locos. Ahora quisieras que te trajeran los Reyes Magos todo lo que les habías dejado escrito en aquellas interminables cartas que redactabas una y otra vez hasta dar con la definitiva. Ya están olvidados del todo esos regalos que tanta ilusión te hacían entonces. Es que ni haciendo un esfuerzo logras recuperar. Desde luego no eran muñecas.
¿Cómo podrías dormirte en una noche como ésa?
¿No te invadiría el terror nocturno al pensar que unos seres extraños, de un país de Oriente que ni sabías localizar, se atreviera a subir por tu balcón y entrara en tu casa? ¿Con esa cantinela podría dormir algún niño?
No sabes qué incertidumbres, miedos, terror ante un ruido insignificante te habrían bastado para desear con todas las fuerzas que amaneciera de una vez, vinieran esos seres de donde fueran, dejaran los regalos y se marcharan con viento fresco de tu casa...
Más o menos como pasaba después de la caída de un diente de leche con la parafernalia del Ratoncito Pérez. Que eso sí que te daba miedo, porque los roedores y tú nunca habéis hecho buenas migas, ni en sueños. Ese si que te daba asco. Un ratón, se llamase como se llamase, y mágico o como fuera, pero ratón al fin y al cabo. Paseándose por tu almohada en la búsqueda de tu querido diente para hacer el cambio por una monedita. Y ¿qué dirías ahora tú de todo eso?
"Que no, hombre, que prefiero quedarme sin la moneda; que no quiero imaginar ratones ni seres mágicos observando en la oscuridad mientras duermo, por muy pequeña que sea". Indudablemente no lo diría con esa crudeza, yo sé que sólo me limitaría a temblar y esconderme entre las sábanas, deseando la llegada de la luz a través de la ventana. No tendría palabras para describir el miedo que me daba entonces todo esto que estoy contando.
Hoy, día de los Reyes del 2006, verbalizado queda.


elbucaro dijo
Y sin embargo esos temblores estaban a su vez impregnados de una ilusión, difícil de revivir hoy. Un besote.
7 Enero 2006 | 12:24 AM